¿Más vale malo conocido que bueno por conocer?

Estamos a unos días de la elección presidencial del 1ero de Julio y realmente me preocupa el destino del país.

 

Dicen que más vale malo por conocido que bueno por conocer, y al parecer ese dicho popular está más arraigado en nuestro pensamiento que el mismísimo amor a la Virgen de Guadalupe.

Me doy cuenta que el mexicano tiene miedo, miedo a cambiar y miedo a poder tener una mejor alternativa; estamos tan acostumbrado (o nos han acostumbrado) al fracaso que realmente pensamos que el bienestar y la superación es imposible.

En el 2000 con la llegada de la “alternancia política” nos dimos cuenta de que un México mejor es imposible, o por lo menos así lo percibimos. Ahora 12 años después se divide México (como en todas las elecciones presidenciales), en los que piensan que el cambio verdadero está en nosotros (no se dice cómo, ni cuál es la fórmula para crear al buen mexicano) y los que piensan que era mejor con el PRI.

Siendo sincero, me aterra el regreso del PRI y trataré de hacerlo de la manera más puntual y objetiva:

  • Me aterran las devaluaciones que ya conocimos.
  • Me aterran las inflaciones del 100% de Miguel de la Madrid.
  • Me aterran las devaluaciones del peso que quebraron negocios de papás de mis amigos.
  • Seguimos pagando deudas que nos dejaron con el rescate de la banca.
  • Seguimos cada 2 de octubre recordando a los estudiantes acribillados.
  • Seguimos conociendo casos de deudas millonarias de los Gobiernos Priístas
  • Seguimos viendo la impunidad con la que se manejan (Ulises Ruíz, Mario Marin, Manuel Martínez Garrigoz, Humberto Moreira, Arturo Montiel)
  • Me aterra vivir en un país donde todo se puede arreglar por un dinerito, donde la cultura de la ilegalidad y la corrupción es la mejor moneda.
  • Me aterra vivir en un país donde la aplicación de las leyes es discrecional y a gusto de quienes tienen contactos.
  • Me aterra ver que malos gobernadores y alcaldes sean abrazados por su partido y postulados por puestos plurinominales, para que no podamos hacer nada por ellos.
  • Me aterra pensar en un gobierno que trate de ejercer su poder a través de la ignorancia de las personas, manipulandolas y quitando todo proceso racional a través del miedo, o de la ilusión.

Para este domingo, yo ya sé por quién voy a votar. Sólo espero que las personas realmente no se olviden de que el PRI realmente representa la podredumbre de nuestro sistema político y económico y nos dejó tantos vicios dentro de las instituciones que aún el Gobierno de la alternancia no ha podido extirpar esos quistes.

 

Que gane quien sea, pero por favor no dejemos que regrese el PRI.

 

Y que me disculpen mis amigos PRIístas que realmente están comprometidos con su proyecto; espero realmente que hagan su trabajo por el bienestar social, no por la preservación del poder; no por tener palancas, y tener a alguien que “después me ayudará”.

 

Votar por el PRI es como decir “voto por el cáncer, porque el doctor no pudo quitarlo”.

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Wislawa Szymborska – Bajo una pequeña estrella

Bajo una pequeña estrella

Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado
por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo
el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco
de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño
a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas
respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos,
cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.